Sin luces

Un hombre de rostro indescifrable da vueltas, nervioso, en lo que parece ser una fábrica abandonada.

Los minutos se suceden sin novedades. El silencio y la inercia de su entorno lo terminan de enloquecer.

Arroja una silla polvorienta contra una ventana que pasa a ser un hueco desnudo.

Se posa junto a los pequeños pedazos de vidrio deforme y enciende, con las manos temblorosas, un cigarrillo.

Mira su reloj una, dos veces. Otra vez más, esta vez prestando total atención.

Puede, por su expresión, que esté esperando a alguien. Alguien que está llegando inexcusablemente tarde, quizás.

Es raro, pero no le da golpecitos al cigarrillo para deshacerse de la ceniza.

De hecho, ni siquiera lo toca con las manos. Permanece suspendido sobre sus labios como olvidado, consumido ya por la mitad. Fuma por hábito, por reflejo, no por placer.

¿Qué carajo hacés fumando otra vez? Entendés que te mata eso, ¿no?”, le dice jocosa una voz femenina. Él no la sintió entrar, pero ahora reconoce su silueta a unos metros de la ventana. Sabiendo que ella detesta las frases pretenciosas, le responde con un “No muere aquel que se rehúsa a comenzar a vivir”. Vale la pena verla molesta. Quedan pocas mujeres capaces de mantener su encanto en esos momentos, pocas como ella.

Se acerca un poco hacia él. Con unos pasos le sobra, quedan enfrentados. Susurra “hice lo que me pediste”, en un tono que delata su miedo a ser escuchada o juzgada por los escombros. Él sonríe con la desconfianza que uno tiene cuando asume ser el objeto de una broma.

- ¿No me creés?

- Para nada. Te lo pedí jugando, sabiendo que no lo ibas a hacer.
- Pero lo hice.
- No suena a algo que harías.
- Fijate entonces.

Rápidamente, ansioso y estúpido, la despoja de sus ropas. Cayó de rodillas. Era cierto, lo había hecho de verdad. Frente a él, sólo piel en plena desnudez. Piel, nada más. Pensó en decirle algo, comparándola con la limpieza de un extenso desierto, aunque no lo hizo. No era el momento.

Ella, acariciándole el pelo, comenzó a acercarlo hacia su cuerpo. Era hora. Podrían haberse tomado unos segundos buscando comodidad. No valía la pena. Eso siempre es, y debería ser, espontáneo. Espontáneo y furioso. No en un sentido violento, no es lo que quiero decir. No hay que frenarlo con excusas, ninguna es válida.

Cuando todo terminó, se quedaron inmóviles por unos minutos, asimilando lo ocurrido.

Podrán a futuro revivirlo en sus memorias, pero no las sensaciones experimentadas. He ahí la culpa flotando en el ambiente, la crueldad de mostrar el paraíso y cerrar las puertas.

Una lástima.

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Movimiento de los ojos hacia arriba o en libertad total

Pequeño día. Llegan tarde, furiosos. Quédense. No hay edades en verano. Un poco de magia, y las palabras dejan de ser lo que son. Lo que eran. Forajidas alrededor de la suciedad. Refugiadas. Te necesitan.


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Falta

Me interesa, lo juro. No es perfecto (aun).
De hecho, está muy lejos de serlo.
Es errático, pretencioso. Infantil.
Innecesariamente extenso, incluso cuando buscás la brevedad. No soy quien para hablar, con mis quiebres exagerados. Son mundos opuestos, en cierto modo.
Quiero que todo se mueva o se detenga a mi voluntad, mientras que tus palabras parecen tener su propia agenda.
La diferencia entre el egocentrismo y la paranoia. Nada me atormenta (persigue) como a vos y, a veces, la idea de intercambiar lugares no suena mal. Ni un poco.

No esta noche, tampoco la próxima.
No mientras tenga nubes el cielo.

-- nZ
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Estreno

Toda la sangre de las calles,
hasta la última gota.
Caminar tranquilo, no mancharse.
Rodarán cabezas y reputaciones,
la situación es inadmisible.
Mañana veremos. Descansen.


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Algunas monedas

Entró corriendo al aula al grito de "¡Argh, conocimiento!". Atravesó una pared y volvió unos segundos después, con la cabeza gacha, a recoger los escombros que había generado hace tan sólo unos instantes.
Se sentó al fondo, agitando y en silencio, mientras los ojos del alumnado entero la observaban. Por unos minutos, esperando alguna posible explicación de su parte, la gente permaneció callada. Molestos algunos, curiosos los más. No sabían si atribuirle su entrada a una nueva droga o a unas ganas excéntricas de aprender. Sería irrelevante comentar o asentar lo hermoso de sus rasgos, lo clásico de su apariencia. Tenía el pelo blanco, producto del choque. Rubia, ceniza.
Finalmente, el profesor se dignó a dejar de lado su café y se arrastró hasta la clase. Sonaba gordo, era viejo nomás. Notó el hueco en la pared y consultó a uno de sus súbditos al respecto. Le resumieron lo ocurrido y, luego de remover esa espantosa (esponjosa) expresión de sorpresa mezclada con asco, se desplazó hasta la parte de atrás del salón. La miró inquisitivamente, demandando una respuesta sin molestaras siquiera en formular la más pequeña de las oraciones. Ella, ocupada escribiendo la fecha, no se percató de su presencia. La anotó en cinco formatos diferentes antes de darse cuenta. Por hoy, era el centro de atención. Levantó la vista. Suspiro al oído de su profesor "Yo soy la mano". Él le rebotó un "¿La mano?". Se rió del docente. Una carcajada enorme, casi forzada. "Yo soy la mano con todos los dedos del mundo", gritó. Entraron. Diez dedos primero. Otros diez atrás. Afuera, esperaban miles. En fila, con los pulgares a la cabeza.
Se perpetuaba su risa de fondo mientras los dedos, al pasar, tocaban a la gente. Caían secos al piso. No estaban muertos, sino vacíos. Sonrisas inanimadas, amplias, en sus rostros.


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Tuyas

Miralas girar. Son las patas de tu silla. Enloquecen al verte, es increíble. Cambian por completo cuando aparecés, cuando te ven y te vemos. Estás ahí, muy atento de tu parte.


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Y muerte

Los vi maquillando al Cristo y no pude contenerme, tuve que reirme de ellos ahí mismo, en la ventana.
Lo tenían casi de rodillas, con los brazos abiertos. A simple vista, parecía estar gritando un gol, aunque su cara de amargo no encajaba.


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Sombra

Parece que, al fin, mi sombra se cansó. Volteo a verla pero nunca está, ya no me sigue. Por un desfasaje en el tiempo, no puedo salir a buscarla. Dudo que quiera ser encontrada, menos por este espantapájaros. Supongo que estaría necesitando un poco de distancia, una luz que la estire y la aleje.
Mi único miedo es que no vuelva jamás, obligándome a caminar sin mi calco oscuro por el resto de mi vida. Habré de buscar, en ese caso, refugio en rincones ajenos.


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Híbrido

Él no poseía las facultades necesarias para detener el tiempo o hacerlo avanzar más rápido, sólo podía ralentizarlo al hablar, incluso hacerlo retroceder temeroso.
Nos arrastraba a todos a ese estado, sin manera permanente de escapar. Cada tanto tosía o bostezaba, lo cual nos permitía respirar unos segundos, aunque solía reponerse de inmediato. Lo odiábamos. Nos dió tan poco.


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Esperen

Arrojé mi birome al aire y quedó suspendida en él. Gente boquiabierta, como un zumbido de fondo. Debe provenir de la birome misma. No, perdón, soy yo. Es algo involuntario que se me escapa cada ves que realizo uno de mis pequeños milagros.


-- Escrito desde un iPod.
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Trayecto

Despierta poco antes de las seis. Le improvisan un desayuno. Durmió con la ropa puesta, así que sólo se pone las zapatillas y se va. Espera, en el frío matutino, a que llegue el colectivo. Este aparece diez minutos después, vacío. No sabe si lo llevará a la facultad o a un mundo sombrío de caricatura. Lo dejó, vivo, a dos cuadras de la mencionada facultad. Camina todos los metros necesarios para llegar a ella, sin frenar. De hacerlo, la baja temperatura lo destrozaría, y eso que ayer estaba peor. Nota que faltan dos horas para su clase, recién ahora se percata de esto. Piensa en fumar, aunque no lo hace. De un momento a otro, ya no le interesa. Le repugna un poco, lo cual lo empuja a odiarse por haberlo hecho en un pasado no tan lejano. Aparte, es caro. Todos lo hacen, perdió su duro encanto de película. Siguen separándolo las mismas dos horas de antes. No pasan más. Compra un libro y unos papeles. Es ridículo el sobreprecio. Se queda con diez pesos en el bolsillo y las monedas para viajar, a las que se aferra como si fueran su vida. Piensa que sin ellas, permanecería en la facultad todo el día y toda la noche, atrapado. No le gusta la idea de subirse al tren sin pagar. Caminar no es una opción. Si su destino está a más de quince o veinte cuadras, no camina. Saluda a una mujer conocida, a quien considera más una niña malcriada. Sonríe de todas formas, es correcto. Parece que los que están a su alrededor lograron deducir que hoy llegó excesivamente temprano. No hay mirada que no se esté riendo de él y su pequeña confusión. Hasta cierto punto, le agrada la atención pero se refugia en la facultad de todos modos, por el frío. Sube unos pisos, los únicos que hay para subir. Se sienta en un pasillo e intenta leer. Lo abandona antes de que puedan llegar a transcurrir siquiera cinco minutos. Imposible leer ahí, se entremezclan las charlas sobre moléculas con aquellas sobre el hombre. Adentro quieren forjar un futuro, afuera se busca viajar en el tiempo. A cualquier lugar que no sea este. Mira fijamente una luz. Le gusta molestarse a sí mismo, interrumpirse la comodidad. A cada rato se escapa una mujer de las cinco o seis aulas que lo rodean para ir al baño. Le parece que ninguna es tan linda como su novia (o su pareja). Sufren todas el defecto de no ser ella, la mujer que ama. Recuerda cada vez que la vió o la tocó. No podría acordarse de nadie más así, sólo de ella. Se pone a pensar en algo que lo excite o emocione menos. Después de todo, sigue estando en público. No sería apropiado demostrar cuánto le gusta en ese preciso momento, cuánto la extraña. Su mente se va, sin ganas, a otra cosa, no sin antes ordenarle a su cerebro que le ponga una sonrisa en la cara. Como si ella fuera a sentirla a la distancia. Saca su cuaderno y se pone a escribir. No quiere innovar ni nada de eso, nomás hacer pasar el tiempo.
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Cabeza a rosca

Disculpe, ¿tendría de casualidad de los que se colorean? Veo que ama el sonido de su voz, yo amo mis crayones.

Cállese un segundo. Escuche. Mire. Las cosas son así, procederé a asesinarla lenta y metódicamente con útiles escolares. Una vez muerta, llenaré su cuerpo con diversas pinturas para luego arrojarla a las vías de un tren.

Espero que deje un lindo dibujo al reventar.

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Caja

Hay tubos, luces y ventiladores. Parecieran ser blancos estos últimos dos, aunque tengo la certeza de que por lo menos uno de ellos no lo es, ni lo será. Impostor entre nosotros, Oficial.

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Respiran

Una ciudad totalmente en ruinas, sumida en humos grises y negros que parecen querer ir a ninguna parte. Meses, quizás años, de silencio. Mi pintura fatalista.

La calma espantosa que impide que incluso el más negro de los cuervos la sobrevuele.

Qué bonito ver la metrópolis caída, sólo un tono. Nada destacable.

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Fauna

A diferencia de los de Cortázar, los conejitos que vomito siempre tienen algún problema. Son discapacitados, se podría decir, aunque esté por ahí el que se ofende.

Lo único que tengo en claro acerca de ellos, es su fecha de vencimiento. No son muy duraderos, la verdad. Será que no me quieren, que les parezco muy poco interesante. Sin importar el caso, mueren en el olvido una semana luego de haber nacido.

Yo los quiero mucho, pero es como tener un hijo homosexual en los '80.

La culpa de ser así no la tienen ellos. Vienen fallados de fábrica, de mí. Ni siquiera se los siente, son lo más tranquilo del mundo. Nadie los nota llegar o partir. Nadie los extraña cuando ya no están.

¿Hará falta que sufra un poco (o un poco más) para darles cuerpo?

Es que suenan tan corrientes, tan cotidianos y sencillos. Me gustaría que fueran más pretenciosos.

Orgullosos.
Destructivos.
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La otra diagonal

Baja
por las
escaleras.
He dejado,
junto al árbol,
todos tus regalos.
Ya tengo que irme,
a esperar que alguien
esté queriendo esperarme.
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Dos

Cierras los ojos al besarlo,
condenándolo a ser cualquiera.
O nada, o nadie.

Tus manos lo devuelven,
lo traen de regreso.

Es la misma forma,
aburrida y elegante,
nublada, hasta las orejas.
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Tiny as hell

I go to sleep when the sun comes out, (In the morning)
it's just to bright for this pair of eyes. (They're too young)
Feels like living the other way around. (Different worlds)
The frightening mess of this tiny void. (Wind stays inside)

Can't keep doing it alone anymore, no. (Went too far?)
Regain the ability to do so again, once. (Come back tomorrow)
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La guerra del limón

Estoy escribiendo algo en Twitter. Algo así como una seguidilla de microrrelatos. Los pueden buscar usando el hashtag #textto o sencillamente siguiendo el enlace que representa el mismo título de esta entrada.

Quizás, al terminarlo, recopile todo y lo publique acá. Si quedo conforme con la calidad del trabajo final, o si acepto que no son microrrelatos.
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Pantalún

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Habitaciones

Cada cuarto es una transición. No sé porqué me detengo. Son míos, me pertenecen. Puedo darles vida, así como también está en mi poder quitársela. Es mi imagen la que adorna el espejo, mi imagen deformada.

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Llegó

Una falta de respeto para el aire mismo que intento respirar.
Tengo los obstáculos todos enredados y cada vez que tiro
se hace más difícil. Minúsculos, insignificantes. Molestos.
Arrastrándome disimulo un poco. Quizás ya no estén mirando,
aunque sigo sintiendo sus ojos en mí, recorriendo mi nuca.
Conozco más de cincuenta maneras de morir, ninguna me llama
la atención. Sólo una forma de vivir, pero no sé dónde la puse.
No recuerdo.
Puedo hablar sin escalones de por medio, de un punto a otro.
Si salí, fue porque me echaron, sino jamás me hubiera ido.
Lloro por el humo, nada más.
La fruta, como una visión utópica, es un lindo sueño. ¿No?
Tiro, intento, me arrastro. Miren si quieren, necesito la atención.
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Estábamos en eso

Lo escuchaba, a la distancia.
Veía como a través de un par de tubos de cartón.
Era mi peor enemigo y mi mejor amigo.
Me sentía bien.
No había futuro ni importaba el paso del puto tiempo.
Podía abrazarme a la almohada y sentir que me deslizaba
con suavidad por un río de sábanas y frazadas. Estabilidad.
Qué hermoso era no tener cuerpo.
Pasaba de ser una sonrisa a ser calor.
Quisiera poder amarme tanto como lo hice en aquel momento.
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Partir

Sin importar cuánto me odie al hacerlo, sigo partiendo cada una de mis oraciones por la mitad. Casi como si no quisiera que se perpetuaran. El miedo de escribir hasta desnudar todo y no tener nada más que decir. Nada más que mentir.

Ahora mismo preferiría ahogarme con comas y frases bonitas antes que seguir explicándome a mí mismo lo que soy.

Pensando de a una letra por vez, me tomo hasta cinco segundos para asentar cada una de ellas.

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Ojos

Qué rápido se te pasó la emoción de lo nuevo, qué fugaz tu excitación. Pensar que tan sólo ayer te desvivías por tu nuevo juguete y hoy ya casi que te olvidaste por completo de él. Perdí la cuenta de la cantidad de veces que sonreíste o que ahogaste una carcajada. Eran otros tus ojos, no estos distantes que me mostrás. Ya no brillan, hasta están un poco callados. Cansados, por decir algo. Podría, con facilidad, dedicarme a extrañarlos, pero creo que ese es tu trabajo. Tu deber. No es mi vida la que perdió su resplandor de la noche a la mañana, y de serlo, no es importante ahora. Mirate, reconocé que cambiaste. Aceptalo. Hacé algo al respecto, por favor. Cuando todo esté resuelto, podés regresar. Acá lo único que sobre es espacio. El tiempo, desafortunadamente, sabés es limitado.


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Panorama

Pantalla negra, letras amarillas.
Barra horizontal parpadeante, desafiante.
Sin líneas, ni renglones, ni divisiones.
Nada. Negro, amarillo, barra.
Límites invisibles e infinitos.
Quizás sólo sean cuatro y bien marcados, obvios.
Vaso con jugo de naranja, cuadernos.
Lapiceras, marcadores, discos, billetera. Monedas sueltas.
El teclado escrito, y la pantalla negra.
Diez u once oraciones que crecen de poco.
La columna de formas desprolijas, amarilla.
Cuelgan, de un clavo, un paraguas y un sombrero.
El sombrero es de metal, pero en miniatura.
Arriba estoy yo, adormecido pero con hambre.
Pasa un tipo caminando por las montañas sucias.
Australianos e ingleses lo miran desde arriba.
Un ratón atrás de un árbol con sus hojas otoñales.
Tres velas y cientos de horas de música en blanco y negro.
Su foto, mis llaves. La lluvia y la madera.
Cámaras, nuevas y viejas. Trofeos de mentira, libros.
Los libros. Algunas revistas, pero sobre todo, libros.
Aguja para coser, películas apiladas, votación.
Perfume, pochoclo, papeles, pilas, piedritas.
Mis dibujos basados en ella. Su boca, labios. Cadera.
Caras felices y caras de seriedad documentando.
Una bandera de Cuba, con la vieja llena de gatos.
La frase del borracho, los perros. El cartel robado.
Ídolos de la música, apuñalados contra la pared.
Más fotos de ella, niña y mujer. Un marco marrón.
Fotos de broches y fotos de puchos. También un tornillo.
El pibe de Moreno, crédito compartido. Composición.
Mis manos, la cabeza del mexicano colgante.
Imanes, tecnología, botellas. Cables y más cables.
Pinturas. Acrílicos en una lata de palmitos sin etiqueta.
Zapatillas. Una montaña de ropa. La alfombra y la mochila. Completo

Una pelotudés más

La Argentina podría haber sido una reconocida actriz, de fama internacional incluso. Sucede que le elogiaron el cuerpo y se hizo vedette.
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Sargento

Toda la sangre de la calle, hasta la última gota. No se puede caminar sin ensuciarse.
Ruedan cabezas por lo inadmisible del asunto, del que nadie parece encargarse.
Sería ridículo creer que se puede mantener una reputación en medio de todo esto.
Una ciudad entera perjudicada por la irresponsabilidad absoluta de unos pocos, de esos pocos.
El proceso de un cambio completamente radical o un puñado de conceptos confusos mal aplicados.
Así lo recordaremos.
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En la pared

A veces, los ladrillos del medio, se escapan. Dejan un hueco desprolijo y no vuelven. ¿Para qué?
Algunos pasan a formar parte de otras obras, los demás se toman unas merecidas vacaciones en el Río de la Plata, con cascotes y latas. El viento y la mugre, todo un paraíso.
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Chuckles

Un monstruo invertebrado, de nacionalidades múltiples. Seguimos planteando estupideces, unificando variables. Fotografías entre cables y colores vibrantes.
Quieren programar la explosión, arrebatándole toda posible emoción.
Manchas horizontales en las paredes. Aparece el viejo dinosaurio que se creía esfumado, aunque ahora, en su retorno, se lo nota mucho más pequeño.
Se sienta a hablar con el monstruo. Sus gustos musicales no coinciden, pero se respetan. Intercambian regalos, descruzan algunos de los cables. Por momentos se contradicen, lo cual no importa ya que ambos son bastante simpáticos. Nadie les dice nada. Risitas tímidas de algunos.
Qué lindos idiotas. Creer que una porción puede llegar a ser torta. Se quedarán con las ganas, porque no alcanza para todos. Nunca alcanza para todos.
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Antes de las 8

Fallecí antes de poder abrir los ojos. Un cadáver ciego y nadie se da cuenta. ¿Para qué me dejarán el cajón abierto? Entre que no puedo ni ver ni respirar, me parece que me están cargando. No les debo haber caído muy bien. Eso o son tremendamente morbosos. Juntarse a comer canapés alrededor de un muerto. Que conste que nunca ofrecen.
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El Capitán

Le explotó la mano derecha. Así nomás, estruendo y chau, no quedó nada. Ahora tiene que seguir escribiendo con la izquierda, a la que detesta. Le pone anillos horrendos para que se sienta mal. Si hay que probar la temperatura de algo, siempre la manda primero. El odio que le tiene. Preferiría tener un garfio. Sería genial tener un garfio. El parche es opcional. Pero bueno, primero se tiene que deshacer de la mano que le queda. Dos garfios.
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Para vos y nadie más...

No puedo decirte con precisión en qué momento se nos fue el mundo de las manos, ni me corresponde hacerlo. Si vivimos en medio de una constante turbulencia, no es culpa nuestra. Nosotros llegamos libres de todo prejuicio, libres de religión o ideología alguna. Los que hoy nos entregan este panorama turbio y sin salida son aquellos que en su momento, teniendo la posibilidad de cambiarlo todo, se acomodaron en sus sillones y no hicieron nada. Absolutamente nada. Si las cosas cambiaron ligeramente de un día para el otro, fue por pura casualidad, y no porque sus decisiones fueran tuvieran un real impacto en la rotación del planeta. Esos mismos pretenden educarnos, quieren infundirnos como correcto cierto modo de actuar y pensar las cosas. A diario nos dibujan paisajes prometedores y horizontes generosos en lápiz, sobre un papel borrador o una servilleta. No sorprende que la calle esté así; limpia, pero tan llena de mierda. Puede que suene pesimista, y probablemente lo sea, pero te ruego de ahora en más no volver a depender de ellos, de generaciones pasadas. No dependamos más de los adultos, de las autoridades. Acá se habla mucho, pero a la hora de dar una mano, te empujan al barro y miran perdidos a la nada, obviándote. Dejás de existir cuando comenzás a depender de estos que se proclaman sabios, conocedores por experiencia. Basta de tragarnos el orgullo, aceptemos que no son más que una manga de pelotudos y garcas. ¿Que saben más de tal o cual cosa porque la vivieron? ¿Y qué carajo nos importa? Si de todas formas lo vamos a terminar viviendo nosotros también. Las frases se gastan y se vuelven obsoletas, uno se cansa de escuchar una y otra vez las mismas estupideces. El que impone al final sale perdiendo, y me parece que estamos cerca de ese final, por suerte. No es el universo el que conspira en tu contra, son tus supuestos hermanos y padres. En un lugar en el cual el poder se mantiene en la familia como hace varios siglos atrás, en un lugar que no progresa (ni progresará), los únicos que te cagan sos lo que tenés al lado. Los de abajo son la parte evidente, pero mami y papi son los culpables de no darles de comer o enseñarles a no cagar en el lavamanos. Miles de años de “civilización” humana y todavía no aprenden. Parece una broma de muy mal gusto. El antropólogo es tan malo como el dinosaurio. Es imposible calcular la cantidad de gente asesinada en guerras religiosas, económicas o “patrióticas”. Ciertamente el número debe ser grandísimo, más de lo que cualquiera podría llegar a imaginarse. Sin embargo, fijate que todavía tenemos países, fronteras y religiones. Nadie avanza por la humanidad como todo, sino por lo redituable del proyecto. Están los que tienen, los que no y los del medio, que tienen poco pero se conforman. Como siempre, el que tiene quiere más. El que no tiene, se muere. Y nos chupa un huevo a los del medio. Si total más tarde baila un gordo con minas en bolas y unas horas después hay partido. Existen también los que no tienen ni un dejo de educación, pero quieren. Material, no educación. Esos roban. ¿Y roban para dar de comer a sus familias? Algunos. Otros quieren zapatillas exageradas y ropa llamativa. Deciles como quieras. Negros de mierda, chorros, drogadictos. Son todo eso y a la vez, no son nada. Literalmente. Ya te dije que mami y papi no les dan pelota. Son los cuatro hijos idiotas, son la presencia que toma la casa. Si nadie los quiere entre nosotros, ¿porqué no matarlos? Porque, al igual que nosotros, no tienen la culpa. No alcanza con el “que se vayan todos”, es menester que luego no les siga nadie. No va más el condicionar a la raza. Tiremos abajo las ciudades, hagamos pedazos todo. Porque si nos quedamos acá, tu suerte la van a seguir decidiendo ellos. Refugiate en todo aquello que no pueden tocar. El universo sabe mantener el equilibrio de las cosas. No te quedes encerrada en un hecho, dejá que el karma tiene todo en cuenta. Vos viví del amor, viví del arte. Eso es intocable. Mataron a Lennon, pero no pudieron hacer que dejara de sonar. La sensación que te genera una buena película o una canción conocida no te la saca nadie. No pido que vivas de recuerdos y memorias, te pido que crees, que generes. Todos podemos mover una palanca o escribir unos números, sólo algunos pueden moverte con un bien estructurado poema. Votar a la izquierda o a la derecha no te satisface como lo haría una simple mirada de alguien a quien amás. Que cada día de tu vida, cada acción, sea arte, no política. Concentrate en eso, en tratar de ser creación. Cada uno es su propio dios creador. Percances sufrimos todos. Cuando suceda algo así, intentá pensar en todo aquello que no pudieron sacarte. Porque si pensás en lo que sí te sacaron, en el material, entonces los estás dejando ganar. Estás dejando que también se lleven tu felicidad.
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Pequeña declaración

En este 28 de Mayo de 2008 yo, Nicolás Maximiliano Zahlut, flamante ciudadano de la Capital Federal de la República Argentina, establezco mediante estas palabras pocas mi odio injustificado e irracional hacia toda persona que osare pronunciarse en contra de la lectura de un texto por el simple hecho de la aparente extensión del mismo.

Dicho acto será considerado como vil y repugnante.

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